domingo, 25 de mayo de 2008

Divagaciones planetarias

Ñoña. A ver como encajo mi pensamiento en 300 palabras…
Se vive la vida ajeno a todo, entiéndase todo como los grandes problemas que asolan a la humanidad. No es que una sea un caculo social, es que el tiempo que vivimos se consume en preocupaciones inmediatas. Los pequeños y rutinarios acontecimientos del diario vivir: la vida familiar, los problemas económicos, el IVU, las relaciones interpersonales, el trabajo para los que trabajan y el estudio para los que estudian. La política cuando se sale de lo “normal”, de la demagógica mediocridad imperante.

Pero llega un momento en que las imágenes que nos llegan del exterior ya no se pueden evadir. El televisor las coloca en el mismo medio de nuestros hogares, las historias que las acompañan cada vez más escalofriantes. Nunca imaginé escribir esto. Toda mi vida, que no es mucha, tan sólo 25 años, he aborrecido el discurso apocalíptico, la retorica del desastre que acompaña los últimos años y que han esgrimido los medios de comunicación. Los que me conocen no se equivoquen, aún aborrezco la campaña de Qué nos pasa, Puerto Rico?, disfrazada de servicio público y concebida por el sistema con el expreso objetivo de minar y golpear la ya frágil autoestima del pueblo puertorriqueño. La pobre y colonizada imagen que tiene de sí mismo.

Para ubicarme en tiempo y espacio, son las diez de la noche de un caluroso martes de abril. Estoy viendo las noticias. Para variar, abrieron un pequeño paréntesis entre los asuntos de Aníbal para dar un flash mundial. Sí, es difícil entender como la compleja realidad del planeta cabe en un flash, pero vamos. El tema era la escasez de alimentos en distintos países. Parece cuento de todos los días, y así lo interpretó mi posmoderno punto de vista de joven oriunda de un país con guille de primer mundo. No divago más y voy al grano: la sosegada voice over anunció que al día de hoy hay 33 países sin sus alimentos básicos y donde se ha declarado emergencia nacional. Sus habitantes, hambrientos y violentos, ya están en pie de guerra. Dispuestos a asesinar para no morirse de hambre y ver morir a sus hijos. No, people, Africa no ostenta más la exclusividad del hambre. México, Suramérica, Asia, Latinoamérica. No hay que irse de safari al Continente Negro, en ella tenemos, a sólo millas de distancia, a la sufrida tierra del gran Dessalines: Haití.

Ya no son cosas que no importan, que no nos preocupan, que sólo pasan al otro lado del océano, en los calificados por nuestra conciencia sobrealimentada como repúblicas bananeras (o Banana Republic, como se diría en Plaza las Américas). Ocurre en esos países salvajes y pobres, se dice, que están lejos, lo más lejos posible para que no nos contaminen con su olor a miseria. A basura, a agua estancada. Sociedades en vías de desarrollo, eufemismo acuñado por los gobiernos y las Naciones Unidas para tapar el brutal atropello social y económico al que han sido sometidas durante siglos y décadas por parte de las naciones ricas o llamadas primermundistas. Si no me creen pregúntenle a la United Fruit Company y a diversas farmacéuticas suizas y norteamericanas, entre otros muchos.

domingo, 27 de abril de 2008

Bienvenidos, todos y todas los que hayan sufrido los embates burócraticos de nuestro macondiano Departamento del Trabajo

No se preocupen, my fellow bloggers, este espacio no nació con la tónica fatalista y con complejo de inferioridad de "Qué nos pasa, Puerto Rico?". Sólo pretende convertirse en un espacio de desahogo para aquellos boricuas que han sufrido humillaciones, sufrimientos emocionales, apuros económicos, desplantes burocráticos y toda suerte de maldades cortesía del nunca bien ponderado y siempre muy inepto Seguro por Desempleo. No sean tímidos, vacíen su alma, !pongan lo que les salga de adentro, coño!

Los besa, Mafalda Boricua